Construido entre 1851-1853 en Monte Faro a 184 metros, se habilitaría para seguridad de la navegación. Su posición en lo alto del monte fue criticada porque con niebla espesa no se veía la luz, añadiéndose otros faros a Cíes, como Porta, Peito o Bicos. Fue un hito de obra de ingeniería, recortando varios metros al monte, logrando una base horizontal donde establecer la infraestructura, y por el sinuoso acceso al faro desde el muelle de servicio de Carracido.
Hasta 1952 estaría habitado por fareros y sus familiares, quienes formarían parte de la población insular, aportando asistencia educativa. Automatizado, los fareros dejarían de habitarlo, aunque era frecuentado por técnicos para transportar combustible hasta el faro, servicio proporcionado luego por vecinos, interrumpido en 1972, al contar los técnicos con un vehículo que subía las botellas de acetileno al faro.
Las condiciones de vida eran muy difíciles en un lugar expuesto a vientos y salinidad, deteriorándose fácilmente las instalaciones. Aseos, vivienda ( suprimida en 1980 ) y aljibe completaban la equipación junto a la torre y linterna.
Frecuentes solicitudes de fareros para cambiar destino por la dureza de vida, siendo habituales ocasiones, en que con tormentas caían chispas eléctricas sobre el edificio.
Desde esta atalaya privilegiada contemplamos el Océano Atlántico, isla Sur, resto del archipiélago, Freu da Porta, bocas de entrada y salida de la ría (norte y sur), islotes como Carabelos, Ruzo, Boeiro y el continente, O Morrazo, Vigo, Nigrán, Baiona, sierras del Galiñeiro y Groba hasta cabo Silleiro.