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Ya desde principios del XX existía gran insistencia y obsesión por la supuesta necesidad de plantar árboles en Cíes con fines estéticos y forestales, un lugar donde predominaba el matorral, los pastos, bosquetes y rodales de sauces, endrinos, saúcos, laureles o melojos, normalmente ligados a espacios húmedos o a regatos que existían.

Aunque no será hasta los 40 cuando se comience a plantar árboles en las islas, pero lo que era experimental, a partir de 1952 en adelante, se convirtió en realidad, cuando se empezó con el cultivo y plantación masiva en las tres islas con especies exóticas, alóctonas e invasoras como acacias negras, eucaliptos y pinos que fueron sustituyendo otros ecosistemas en beneficio de especies que desplazan la flora autóctona y empobrecen más el suelo, llegando a secar incluso zonas húmedas, fuentes y regatos que antes eran abundantes en Cíes y hoy escasos, canalizados o secos. Sequía que se hace más patente en época estival con pocas precipitaciones y temperaturas altas. El agua dulce en Cíes escasea, antes no, era relativamente abundante.

Los cultivos de especies alóctonas en las islas nunca fueron productivos y lo único que aportaron fue sombra. Son masas arbóreas muy frondosas, con escasa biodiversidad. Hoy, estas especies invasoras se combaten lentamente, haciendo clareos y procurando evitar la erosión del terreno.

Además, esta plantación anticiparía el abandono de las islas por parte de la población insular que vio mermados sus pastos, cultivos y regatos, mientras se iba modificando el paisaje de las islas Cíes.

  • Fuente: PNMTIAG